La anunciación 1


–Hola, Virgencita.

–Mira a quién se ve, mi ateo preferido. ¿Cómo estás?

–Bien, no me puedo quejar.

–Esta ya es una buena noticia.

–Sabes, anoche estaba leyendo en el Evangelio de Lucas a propósito de la Anunciación.

–Mira, mira: ¿tú estabas leyendo los Evangelios? No hay que perder nunca las esperanzas…

–No, era solo por curiosidad, de chismoso que soy. Eres mi amiga y quería saber algo más de ti.

–Pero no tienes más que preguntar.

–Tienes razón, porque la historia de la Anunciación prefiero escucharla de primera mano.

–Ha pasado tanto tiempo…

–Sí, pero debe de haber sido emocionante.

–Eso sí: emocionante lo fue.

–Y maravilloso.

–Eso un poco menos.

–¿Pero cómo puedes decir eso? Un ángel que se te aparece y te da esa noticia: ¿cómo era él? Apuesto a que bellísimo.

–Mira, ¿quieres que te diga la verdad? Ni siquiera lo vi. Con toda la luz que emanaba me quedé cegada y nunca me enteré de qué cara tenía. Y que se llamase Gabriel lo supe solo después…

–Con todo, esa noche debe de haber sido memorable.

–Sí, pero no por las razones que tú crees. Ponte en mi lugar: entra uno por la ventana, de noche, y al cual no logro ni siquiera verle la cara, y me da tamaña noticia. Yo temí lo peor, pero después me dijo que no lo tratara mal, que él era solo un mensajero y que si algo tenía que decir se lo dijera al Espíritu Santo cuando viniera, que él era el que se iba a encargar de los trámites. Así lo llamó: ¡Trámites! ¿Te imaginas?

–¿Y después?

–Después nada. A mi mamá no se lo podía contar: imagínate si le decía que alguien se había metido a mi cuarto para explicarme lo de los “trámites”. A mi papá menos que menos… y así esperé a que se me pasara el susto y me volví a dormir.

–Lindo lío…

–Por la mañana intenté averiguar si alguno de los vecinos había visto o escuchado algo raro, pero nadie supo decirme nada.

–¿Y entonces pensaste que había sido solo un sueño?

–Bueno, no del todo, la cosa había sido bastante real. Si había sido solo un sueño, ningún problema, pero si no lo había sido, entonces… ¿Sabes?, los judíos tenemos la lapidación fácil…

–¿Y qué hiciste entonces?

–No me quedaba más que esperar, ¿verdad?

–¿Y cuándo te diste cuenta de que…?

–No me quedó más remedio que contárselo a José, y sí, antes de que me lo preguntes, se enojó como un diablo al que le han apagado el infierno.

–¿Y cómo te las arreglaste, hiciste un milagro?

–Pero qué milagros ni qué prodigios: una mujer sabe siempre lo que decir en esas situaciones.

–Bueno, te creo. Pero ahora me tienes que contar del Espíritu Santo.

–¡A ese ni lo vi! Por lo menos Gabriel se presentó, ¿pero el otro…? ¡Ay, pero cuando lo conocí le dije bien claro lo que pensaba de él!


Leave a comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

To create code blocks or other preformatted text, indent by four spaces:

    This will be displayed in a monospaced font. The first four 
    spaces will be stripped off, but all other whitespace
    will be preserved.
    
    Markdown is turned off in code blocks:
     [This is not a link](http://example.com)

To create not a block, but an inline code span, use backticks:

Here is some inline `code`.

For more help see http://daringfireball.net/projects/markdown/syntax

One thought on “La anunciación

  • Danilo Céllery

    ..mi buen Silvio, si algo no te ha de faltar es imaginación…..tus cuentos, como son cortos, son doblemente buenos…..un abrazo!!