Memorias


Hace unos días Atila me hizo una visita formal y, después de haberse acomodado en el sillón de mi estudio, me comunicó que debiendo escribir sus memorias, tenía intención de aprender a escribir y que si podía ayudarlo, cómo y cuándo.

–Ahora mismo, si quieres– le contesté, atraído por la idea.

–Imposible –dijo el gato– ahora estoy complicado. ¿Está bien mañana a las diez?

En la mañana siguiente, y sin muchos preámbulos, empecé mi clase:

–Esta es la letra “M” –dije, y después, tomando un libro escrito en letras grandes le indiqué otras emes en el texto–. ¿Ves? –añadí– Una vez que conoces una las conoces todas, y las puedes usar cada vez que las necesitas.

–¿Y para que me puede servir saber esto?

–¿Cómo qué “para qué te sirve”? Mira: esta es una “a”, y si tú escribes una “m” seguida por una “a” y luego otra “m” y otra “a” obtienes la palabra “mamá”. De ahora en adelante, cada vez que veas estas letras sabrás lo que significan.

–¡Tonterías! Primero –y me agitó el pulgar bajo la nariz–, yo quiero aprender a escribir, y no a leer; y segundo, para escribir mamá basta dibujar una señora con los ojos azules y las pestañas largas.

–Disculpa, ¿pero cómo pretendes aprender a escribir sin saber leer? No fuera que para controlar lo que has escrito.

–Todas pérdidas de tiempo. Yo sé perfectamente bien lo que quiero escribir. Son los demás que tienen que saber leerlo, ¿entiendes?

–¿Y qué tiene que ver eso con la señora de ojos azules?

–Mi mamá tenía los ojos azules y las pestañas largas y, como yo quiero hablar de mi mamá y no de la tuya, también porqué son mis memorias, es justo que yo la represente así. Cuando tú escribas sobre tu mamá le podrás hacer los ojos del color que más te agrade: ¿no es más fácil de esta manera?

–Te equivocas –intenté razonar– si yo quisiera referirme a la mamá de la Lili me bastaría escribir “la mamá de la Lili”, y todos lo entenderían muy bien.

–¿Y de que color son los ojos de la mamá de la Lili?


Ayer vi el borrador de la primera parte de la autobiografía: ¡confieso qué me dejó admirado! La historia empieza con su mamá, que naturalmente tiene ojos azules. Un corazón seguido por una casa y un gatito están a indicar que Atila amó mucho el hogar de su infancia.

Pasa luego a describir a sus hermanos y los juegos que hacían, hasta llegar al momento del abandono de su residencia natal, saludado por los llantos desgarradores de la mamá y de los hermanitos. Cuenta también de cuando llegó a nuestra casa y de su primer encuentro con la Lili.

Y sigue con una imagen en la que se ve un personaje masculino que, como yo tiene barba y gafas, y que lleva puesto un sombrero a forma de cono con un burro dibujado encima, mientra Atila y la Lili se revuelcan de la risa.

Tengo miedo de haber creado un monstruo: ¿habrá alguna forma de des-enseñarle a escribir?

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